| Y
ahora que?
Y ahora qué me vais a hacer, si
sabéis que un muerto no puede morir. Os habéis
pasado toda la vida comiéndome el coco, pero no estoy
tan seguro de que haya servido de poco, porque el mensaje
de hace 20 años sigue más vigente que nunca
y son incontables los cerebros contaminados por la subversión
irreverente de La Polla. Las letras de Evaristo han ideologizado
a más jóvenes que el Libro Rojo de Mao, El
Capital de Marx y Camino de Escrivá juntos. Pero
nunca han estado de moda, y a la pregunta de cuál
es tu grupo preferido, nunca hemos respondido La Polla.
Evaristo y sus huestes eran demasiado básicos, tan
directos como la patada de unas Dr. Martens y sin el suficiente
virtuosismo musical para que fardáramos de haber
ido a todos sus bolos.
La ironía de La Polla aportó
los argumentos para esa revolución que nunca se hará,
a falta de análisis más sesudos pero no por
ello más certeros. Han sido ácidos hasta la
úlcera, fanfarrones como nadie y lo más independiente
que se puede ser en este país, a pesar de que Evaristo
haya ido alguna vez en las listas de Euskal Herritarrok,
arranque visceral perfectamente compatible con el Viva Galicia
que es lo más grande que todos tenemos grabado en
aquel disco en directo de hace 15 años.
Ellos han sido los nietos de los obreros
que nunca pudieron matar, y nunca han votado a Alianza Popular,
ni al PSOE ni a ninguno de sus traidores, porque siempre
se han empeñado en no ser nada y en no dar la jeta
en las carpetas de los elepés. Han perdido todas
las guerras a base de ganar batallas cruentas al jaco y
a todo lo que se les ha puesto por delante. A ellos les
respetaron las lesiones hasta hace bien poco, a diferencia
de los trágicos y sexpistolianos finales de Cicatriz,
Eskorbuto y demás compañeros de viajes.
Un buen día se preguntaron cuánto
tiempo vivirían en esta absurda derrota sin final,
y se han quedado a un año del cuarto de siglo, demasiado
tiempo para casi todo, pero insuficiente para que olviden
quiénes eran y de dónde salían. De
la bajera de Salvatierra se fueron un buen día a
Vitoria, donde de verdad se cocían habas, y de aquel
viaje se trajo Evaristo el secreto de cómo moverse
en un escenario. Él ha reconocido que el Gari (voz
de Hertzainak) fue su maestro en eso de las tablas, pero
luego nadie le ha enseñado nada porque ya lo sabía
todo. De sus letras se desprende el escepticismo supremo,
la incredulidad más conseguida, la irreverencia total
hacia los mecanismos que hacen rular al mundo. La Polla
nunca se ha creído nada de los telediarios, y han
respondido mierda siempre que los demás hemos dicho
amén.
Se han reído de Dios y también
del dinero, la teoría les aburría pero la
realidad les ha hecho fuertes, y no tragaban a la juventud,
así en genérico, ni cuando tenían 20
años. Aquello de ¿Qué podemos hacer
con tanto dinero? retrató a la alegre juventud, la
que no disfruta en el paro ni tampoco trabajando, a esos
jóvenes rebeldes a quienes Coca-Cola sí comprende.
Vertieron el elixir más venenoso
en la sangre de aquellos enanitos que al patrón iban
a matar, pero no llegaron a perder la cabeza del todo como
le ocurrió a su alcohólico Txus. Ya dejaron
claro que su única pócima mágica ha
sido el cerebro, y quizá por ello debemos a La Polla
que cuando nos engañan -aquí y ahora por lo
menos-, nos damos cuenta.
Y ahora, ¿qué nos van a hacer?... |