17 de septiembre de 2002

Gabirel Ezkurdia - Especialista en Relaciones Internacionales

Incoherencias


Todos tenemos un lado incoherente. Las incoherencias puntuales plagan, en ciertas fases, parte de nuestras vidas. Pero el reconocerlas y reconducirlas refuerza nuestra coherencia vital y agranda nuestro ser y haber. El problema se da cuando algunas incoherencias son irreversibles o sistemáticas. Entre las primeras ­entre las incoherencias puntuales­, el famoso «paso de religiones, pero me caso por la Iglesia», es muy usada «no lo bauticé, pero la comunión del chaval, ya sabes», está en auge; pero el «toda la vida cagando en lo más santo, pero que me bendigan antes de palmarla», es de las mejores. De entre las segundas ­de entre las incoherencias sistemáticas­, esa tan conocida de «no acato la ley, pero la cumplo», o la superrecurrida de «donde dije digo digo Diego».

Nadie es quién para juzgar al prójimo. Allá cada cual con su «consigo mismo», claro que, a veces, los personajes más o menos públicos, esos que por ser referenciales para grandes colectivos sociales tienen un peso añadido en su quehacer diario, pues «como que tienen que ser algo más cuidadosos». Impresiona que veintipico años después de ser La Polla del punk le pusieran esquela católica y santo funeral católico al batera de "Salve" y bla, bla, bla. ¿Será que el «todo por la pasta» evaristiano de los últimos tiempos ha cambiado el formato de veinte lúcidos años de presunto anticlericalismo ateo? «Cómo te pones, ya sabes, quizá la familia...» Sí, eso. Todo «respeto» póstumo a las convicciones de un tiarrón de cuarenta tacos que o nos ha bacilao toda la vida o le han escupido a la cara al final de sus días, y los colegas tan tranquilos.

Malpensao, sí. Pero al final, todos pasando por el aro. Parece que no se salva ni Dios. Esas incoherencias, que quedan para los vivos, son las irreversibles, porque tiran por tierra el esfuerzo de toda una vida en un puto segundo. Pero las otras, las sistemáticas, son peores. Clara faz de la perversión hipócrita de los caraduras profesionales. La josujoniana cita «una manifestación a la llamada de artistas, socialmente legítima, democrática...»; la madraciana «Garzón prevaricador...», redondeada con «pero hemos de cumplir el auto». ¡Si bebes no cojas el auto! Y ándale a hacer criminales incongruencias pinochetistas por las calles de Bilbao. «Toda la puta vida igual», que decía ¿La Polla? desde Santoña, allá por el pleistoceno, ídem. Qué rollo de gente. Claro, si la Ertzaintza no cumple con la ley española, el Estado revoca competencia y mete a la PGC (¿alguna vez se fueron?), y final del chiringuito, que es «como peor» para algunos bolsillos. Coherente el «Otegui» de la bala de goma del policía «vasco», ¿qué no? Va preguntilla a los 80.000 coherentes del día del mal fario (13 era, ¿no?) del florido mes del año 0 del siglo nineleven: ¿Qué diferencia práctica hay entre Ibarretxe lenda y Mayor lenda lerenda en circunstancias como las que corren?

 
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