La Polla pone fin a más
de veinte años de carrera en el mundo del rock
Disensiones personales terminan con la legendaria banda
alavesa, que aún editará un último
álbum
Evaristo, Abel, Sumé y Charly
ya no volverán a dar patadas al fascismo, la hipocresía,
la homofobia, el comunismo o el Opus Dei. Al menos, no
juntos. La Polla (sin el Records en su discografía
desde 1996) se ha disuelto. En menos de diez días,
la banda desvelará en su página web las
razones por las que nunca llegará a soplar 25 velas
sobre el escenario. De momento, sólo se pueden
señalar motivos personales. El comunicado acabará
con las especulaciones de sus seguidores, desde que en
los últimos días comenzaran a suspenderse
los conciertos de La Polla. Por ejemplo, el que el legendario
combo alavés iba a ofrecer el 25 de septiembre
Artsaia.
Pero habrá premio de consolación
para los adeptos de la banda: un nuevo disco que comenzó
a grabarse antes de que tomaran esta decisión y
del que sólo queda introducir la voz de Evaristo.
"Saldrá a la venta en breve", confirmó
su mánager. Ya dijo el cantante que escaparía
de la jubilación "aunque estuviéramos
90 años tocando". A falta del grupo con el
que gastó saliva y desgastó imaginación
en las letras, Evaristo continuará su trayectoria
profesional junto a The Meas, conocido hasta ahora como
The Kagas. Atrevido.
Los Bad Religion del movimiento punk
vasco se perfilaron desde sus inicios como un grupo unido.
La única renovación en sus componentes se
produjo en 1985, a propósito del álbum Revolución,
cuando Abel sustituyó a Maleguin en el bajo. Dos
años después, tras el No somos nada, una
discusión entre Evaristo, alma pater del grupo,
y sus compañeros los mantuvo distanciados durante
seis meses. Pero necesitaban la música para seguir
ejecutando su venganza contra los políticos, militares
y demás situaciones contra las que se sublevaban
("Era un hombre, ahora es poli...").
El fallecimiento de Fernando el año
pasado, como consecuencia de un paro cardíaco,
hizo temer a los incondicionales de La Polla la separación
del grupo. Evaristo desmintió los rumores al asegurar
en el transcurso de una entrevista que ellos no tenían
"fecha de caducidad", aunque también
reconoció que "los motivos para separarnos
serían una cosa nuestra. Lo que importa es que
seamos legales con nosotros mismos en todo momento";
una frase que podía apuntar a desavenencias dentro
del grupo. Además, su último disco, Bocas,
publicado en el año 2001, alertaba de un posible
cansancio con sospechosas pinceladas del tipo: "No
quiero ser un viejo con aspecto juvenil, ya no quiero
ser leyenda ni el puto amo del rock".
Pero, mal que le pese, como ocurre con
los grupos que han marcado una época o un estilo
musical, el final de La Polla ha convertido a una de las
mejores bandas de punk melódico en un mito. No
podía ser de otro modo para un grupo que siempre
se ha caracterizado por su estilo aventurero, en una arriesgada
y continua búsqueda de sonidos. Y eso que cuando
lanzaron su primera publicación, el EP ¿Y
ahora qué?, los cinco de Salvatierra no sabían
nada de música. Lo que a ellos les preocupaba era
meter ruido, gritar para ser escuchados. Aquello de vivir
"en un país dentro de un país"
les hervía la sangre y alteraba la tinta.
Sus letras protestan contra todo, o casi
todo. Por eso han sufrido el veto en televisiones y radios,
lo que no ha impedido que llenasen los locales donde se
dejaban caer. Incluso el nombre de la banda ha sido motivo
de discordia. El grupo comenzó siendo La Polla
Records. Al preguntarle a Evaristo su sentido, éste
explicaba: "Porque decíamos mucho me cago
en la polla, y records lo pusimos sin saber que era discos
en inglés, sino refiriéndonos a los records
de atletismo". En 1991, una sentencia judicial les
prohibió llamarse de esta forma si querían
continuar su carrera musical. Durante tres años
hicieron oídos sordos y, cuando los tribunales
negaron su recurso, aún publicaron el disco Bajo
presión como La Polla Records. Y así siguieron
coreándolo sus cientos de miles de seguidores,
durante los siguientes cuatro álbumes.
La Polla se ha despedido sin hacer ruido,
por la puerta de atrás. Pocos podían imaginar
un final semejante para el grupo más vehemente
en el panorama musical de los últimos 20 años.
Toda la puta vida igual, rezaba un disco de 1999. Sin
ellos, ya no.