Borraska se pone kresta - 2002

Eeeeevaristo, Eeeeeevaristo, corea el público en los conciertos de "La polla records", el grupo vasco punk más veterano y más internacional. "La Polla Records" que ahora es solo "La Polla" y que amenaza con sufrir más mutilaciones hasta acabar por quedar reducido al nombre de su cantante, reconvertido ahora en escritor: Evaristo, quien tras veinte años sobre el escenario comienza a sentirse un tanto ridículo dando botes sobre el escenario y como en la fábrica tampoco se ve - "además tampoco me iban a querer", dice- publica, de la mano de la editorial Txalaparta, su primer libro: "Por los hijos lo que sea".

"Por los hijos lo que sea". Aunque esos hijos sean bastardos: letras de canciones que no encuentran un hueco incluso entre un repertorio tan extenso como el de "la Polla", con sus 16 discos a las espaldas; fábulas envenenadas que se alimentan del estiércol de los medios de "deformación"; a veces solo ingeniosos lemas, filosofía de urinario... Breves textos en definitiva que reflejan la personalidad inconformista, provocadora, peculiarmente irónica del cantante vasco, ya apuntada en las canciones de La polla, coreadas por varias generaciones de corazones rebeldes: "Un árbol que arde, de él sale papel, para que se escriba que el arbol ardió". "La miseria feroz ha tomado las calles, la avaricia se folla a la libertad"...

Canciones que siempre se han caracterizado por ser por una parte un puñetazo en los estómagos bien cebados y bien agradecidos, y por otra un bálsamo para las gargantas afónicas de gritar a los cuatro vientos esas verdades como puños, sin éxito. Hasta que llega un letrista como Evaristo y sintetiza en una frase toda su rabia. Es por eso por lo que la gente corea el nombre de Evaristo en los conciertos. Evaristo, aunque a él se la sude, somos todos. Todos los pisoteados, todos los obscenamente agredidos por las manipulaciones de las tertulias radiofónicas, la caja tonta, todas los constantemente controlados por las cámaras de seguridad, los guardas de seguridad, las fuerzas de seguridad... Temas recurrentes en las letras de La polla y también en este "Por los hijos lo que sea". Y si en sus canciones Evaristo los aborda con la energía del punk en sus relatos las concesiones no se rebajan, sus personajes tienen nombres como El Señor Violento, El señor Holligan, se aproximan en ocasiones, aunque eso a él también seguramente se la sude y le suene a chino mandarín, a las disputas del teatro medieval (El señor Odio y el señor Amor), a la fábula -sin moraleja, o con una moraleja incendiaria-... Otras veces encontramos reminiscencias, salvando las distancias (reminiscencias como un eructo de alubias de Tolosa con guindillas) del humor ácido, absurdo de Woody Allen, Jardiel Poncela, Groucho Marx... Hay también juegos de palabras, incluso de imprenta, y a menudo cuando más atinado se encuentra el autor es en estas distancias cortas, cuando más recuerdan sus textos a las letras de sus canciones. Y es que a pesar de todo ese despliegue, de su estilo directo, encabritado, es difícil que el Evaristo escritor llegue algún día a hacer sombra al Evaristo cantante. Escribir un relato no es lo mismo que escribir la letra de una canción punk y si en esta lo más importante puede ser un estribillo berreado hasta despellejarse las cuerdas vocales, en un relato puede ser aquello que no se cuenta, que sólo se insinúa. "Por los hijos lo que sea" nos deja algunos hallazgos, algunos balbuceos prometedores desde el punto de vista literario ("El señor Violento está en un bar tranquilamente, leyendo un periódico cuyo propietario es un fascista que lanza millones de ejemplares con tonterías que intencionadamente manipulan y forman la opinión de sus conciudadanos, cuando se abre la puerta y entra el cartero", es capaz de despachar en una sola frase) pero no pasa de ser una curiosidad, incluso una intrusión que todos disculpamos, como si Bukowski se colocara a tocar el bajo con los Sex Pistols. Mucho nos tememos que Evaristo, afortunadamente, tendrá que seguir pegando botes por los escenarios, que nunca escribirá 16 libros, ni sus lectores corearán su nombre, salvo que estos sean -que lo son- los mismos que compran sus discos. Evaristo nunca ganará el Premio Nobel. Aunque eso a él seguramente, también se la sude.

 
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